Martes 23 de junio de 2020.-

Desde que comenzó la cuarentena preventiva por la llegada del coronavirus, todos los miércoles el profesor Haroldo Véliz toma una pizarra y junto a la psicopedagoga, Yoselyn Alday, se trasladan a la apartada localidad de Camarones- ubicada a 70 km. del sureste de la ciudad de Coquimbo- con el propósito de que los estudiantes sigan aprendiendo.

En un vehículo proporcionado por el Servicio Local Puerto Cordillera, el docente y la asistente de educación visitan a cada uno de los alumnos, a quienes no sólo les realizan clases y entregan recursos educativos, sino que también les llevan las canastas de alimentos de Junaeb y brindan contención a las familias.

“Cuando vamos dejamos a la psicopedagoga atendiendo a una alumna con necesidades educativas especiales y yo voy más arriba a visitar a los otros niños, donde la idea es leerles, estar con ellos un rato, hablar con la mamá, preguntarle qué necesita, cómo se sienten y qué piensan de la pandemia” cuenta Haroldo.

La labor busca paliar la lejanía y falta de conectividad que enfrentan los alumnos, ya que según indica Véliz “ellos están entre medio de los cerros y las casas están aisladas unas de otras (…) para poder comunicarse por teléfono tienen que subir un cerro, porque no tienen señal”. El docente agrega que incluso ya había solicitado a través de WhatsApp registros de audio a los apoderados con las lecturas de los estudiantes, pero le llegaron desfasados. Por lo que concluye que “la única forma de que continúen aprendiendo es que uno vaya, no hay otra posibilidad”.

Para las familias, que además enfrentan por primera vez la educación remota, las visitas resultan fundamentales, ya que permiten consolidar los procesos de aprendizaje de los niños y niñas. “A mi hija la trato de ayudar en lo que más puedo, pero hay cosas que igual no entiendo. Entonces para mí es importante que vengan, que estén un ratito con ella y le expliquen, porque así entiende mejor las materias”, comenta la apoderada Estela Castro.

 El establecimiento

La escuela unidocente imparte estudios de 1º a 6º año básico, en cursos combinados, a niños cuyas familias viven de la crianza de animales caprinos y de la agricultura de subsistencia.

Actualmente, atiende a cuatro alumnos (tres niñas y un niño) con edades entre los siete y 12 años, quienes todos los días recorren cerca de diez kilómetros para asistir a clases.